Envolverse en las sensaciones agradables

Envolverse  en las sensaciones agradables

Iba a salir a comprar ropa de cama, pues me acabo de cambiar de casa. Y ya se sabe, quieres empezar a comprar solo unas pocas cosas, útil y necesario, aunque cada vez resulta más difícil hacer la distinción entre lo esencial y lo accesorio. Eso sí algo que tenía claro que era imprescindible eran las sábanas. Así que esa tarde la iba a dedicar a encontrar un par de juegos de sábanas que me gustaran para mi nueva cama, y mi nuevo hogar. Me iba a acompañar mi madre, porque ya se sabe que de estas cosas las madres saben mucho. Siempre recuerdan las sábanas que llevaban bordadas en su ajuar de novia y el tiempo que le duraron. Así que a la hora de comprar unas sábanas monas, y buenas, la combinación perfecta era ir con mi madre: yo me encargaba de buscar el estilo, y ella ponía su saber.
Antes de salir empezamos a hablar sobre las sábanas, cuáles me convendrían más, y dónde podía encontrarlas.
Me puse pensativa, giré ligeramente mi cara hacia la izquierda, elevando los ojos y empecé a recordar las sensaciones que me producían las sábanas que tenía mi madre en su casa. Me venían sensaciones de cobijo, suavidad, frescura, y el olor cuando están recién lavadas. Por un momento volví a ser niña y comprendí que realmente me gustaría tener esas sensaciones cada vez que me metiera en la cama.
¿Es posible que sea tan importante mantener esas sensaciones o son cosas de mi romanticismo? Fue una pregunta que me hice, y antes de salir de compras, quise hacer unas indagaciones en google. Así que busqué “buenas sensaciones”; en la primera entrada encontré que «Las sensaciones proceden de los sentidos que son el medio por el que el ser humano recibe información del mundo que le rodea. La vista, el gusto, el olfato, el tacto y el oído proporcionan la fuente de distintos tipos de placer aunque el principal sentido que produce deleite es el tacto, que se sitúa en la piel».

También encontré que a través del olfato podemos evocar recuerdos con una gran precisión.
Busque después deleite, y encontré placer del ánimo, lo cual me situó en mi parte más hedonista. Esto me planteaba mi derecho a tener ese momento de placer y bienestar que tanto siento que me merezco cuando llego a casa después de un día de trabajo duro.
Así que pensé que debe ser importante y positivo envolverme en sensaciones agradables. Seguí indagando y encontré una página que decía algo así como que es importante la predisposición que tenemos ante las sensaciones placenteras. Y ponía ejemplos como: no es lo mismo la ducha que nos damos por la mañana que cuando nos damos un baño un día determinado, o también, no es lo mismo comprar cada mañana el periódico que comprarlo los domingos. Esto refuerza mi idea de que no es lo mismo dormir, que en un momento dado, se puede hacer en un sofá, que meterse en la cama.
Así que decidido,
Mi madre ya me estaba apurando para que saliéramos de compras, y volvió a preguntarme si tenía claro el tipo de sábanas que quería comprar.
– Decidido, le contesté, me voy a comprar esas sábanas que tenías tú en tu casa, tan suaves.
Por cierto, ¿cómo se llaman?
– Hija, parece mentira que no lo sepas. Son sábanas de algodón de Egipto.