Planificar antes de decorar
Planificar antes de decorar
  • 13 octubre, 2010

Ya me han llegado las sábanas.
¡Ha resultado todo tan sencillo! La empresa de la tienda on-line me envió un mail de confirmación del pedido, y un plazo de entrega. Y a los pocos días recibía en mi domicilio el paquete.
Me ha hecho ilusión abrirlo. Venía bastante empaquetado, así que tardé un poco, y al final, ahí estaban, mis sábanas nuevas, con sus almohadas a juego y la funda nórdica. Ya estaban aquí; tan blancas, y con ese aroma especial de la fibra de algodón.
Al final una cosa me llevó a otra y quise comprar el pack completo de sábanas, almohada y funda nórdica, puesto que me parecía que, para la calidad que tenía, los precios eran accesibles.

A la hora de hacer una compra cada vez soy más exigente, y si bien me fijo en las marcas, como garantía de calidad, también lo que busco es que el valor que me aportan sea proporcional al precio que pago. Leía el otro día en un artículo de economía que los compradores chinos también actúan así. A ver si al final no vamos a ser tan diferentes.
Una de las cosas que me llamó la atención del artículo era que definía al consumidor chino como muy pragmático, y decía que usaban su poder de compra de la siguiente manera: primero hacían un presupuesto de lo que iban a gastar y en qué. El siguiente paso era el de poner en una lista los productos con las marcas específicas, y por último, hacían un “concurso de belleza” para determinar la más atractiva atendiendo a precio- calidad.

Me dirigí al dormitorio, que estaba patas arriba e imaginé cómo quedaría el juego de sábanas, almohadones y funda nórdica.

¡Qué lujo!, pensé para mí. Esto es como estar en un hotel de 5 estrellas. En una ocasión estuve en uno, invitada por la empresa, y si todo era exquisito, desde luego que la ropa de cama con los albornoces eran deliciosos. Son cosas que se le quedan a una grabadas en la memoria.
En los días previos había estado ojeando revistas y páginas web sobre decoración de dormitorios, lo que me había ayudado a hacerme ya una idea de cómo quería que quedase.

Seguí algunos consejos como:
1. Hacer limpieza. Lo primero que hice fue dejar fuera de la habitación todo lo que no necesitaba tener en ella, libros apilados en el suelo, cajas dónde guardo algunos recuerdos, y que con el tiempo había cogido un sitio. Todo eso lo dejé fuera a la espera de encontrar un lugar más adecuado.
2. Buscar una alfombra pequeña. Busqué en casa y recordé que mi prima me había dado una alfombra cuando se cambió de piso. Era de color claro así que me quedaría perfecta y en armonía con la ropa de cama.
3. Dar un nuevo look a las ventanas. Aquí ya me encontré con más dificultades, pues hasta la fecha contaba con unas viejas cortinas que no pegaban nada con la idea que tenía en mi mente. Así que ese mismo fin de semana, me dediqué a cambiar esa parte de la habitación: compré unos paneles japonés, que están muy de moda, y los coloqué en las ventanas, junto con unos visillos a juego. Le dieron un toque muy zen.
4. Y por último, decorar la cama. Tras la compra de la ropa de cama, solo me quedaba darle el toque a la decoración de la cama. Para ello necesitaba unos cuantos cojines. Me decidí por unos estampados en ocre oscuro, sobe fondo “blanco roto”. Algo que se lleva mucho es acentuar las almohadas con elementos falsos para coordinar con el set de la cama. Para eso me servían los cuadrantes que ya tenía de antes.

Así que ahora, con todos los elementos decorativos reunidos, solo tenía que colocar cada cosa en su sitio.
Lo hice con calma, sin agobiarme, casi como si fuera un ritual.
Y por fin, ya estaba. Tenía lo que quería, mi dormitorio de ensueño, con su calidez, y amplitud. Los tonos claros hacían la estancia más espaciosa, y el orden del espacio contribuía a dar esa sensación de sencillez y serenidad.
No cabe duda de que cuando planificas antes de actuar, se consigue el resultado esperado.